Veterinario Doctor Moya A finales de la década de los cuarenta, allá por el año 1948, el censo de Torremolinos se vio ampliado.

Procedente de Argamasilla de Calatrava (Ciudad Real) asentó sus reales en Torremolinos Antonio Moya Fernández, un joven que después de cursar la carrera Universitaria de Veterinaria, fue candidato a ocupar una plaza en el ayuntamiento de Málaga.

Su nombre pronto se hizo célebre entre los lugareños que en ese entonces vivían de la pesca, la ganadería y la agricultura.

Antonio Moya Fernández vio ante si un magnífico futuro, el cual además se vio enriquecido con una joven que después sería su esposa, hija del propietario de la pensión en la que vivió mientras preparaba su oposición de ingreso en el departamento de Veterinaria del Ayuntamiento de Málaga.

Poco después de conseguir su plaza, fue destinado al Matadero de Torremolinos, entonces barriada de la capital. Veterinario Doctor Moya una casa, próxima a su lugar de trabajo, y en ella un despacho y contrato a un auxiliar que se dedicó a herrar animales y a revisar la salud de las vacas.

Pero fue a partir de los sesenta, cuando el boom turístico irrumpió a lo largo de todo el litoral malagueño, cobrando mayor fuerza en Torremolinos.

Los turistas, además de los bikinis y las minifaldas, trajeron bajo el brazo a sus animales de compañía, perros y gatos que tenían un lugar privilegiado en los hogares, toda una novedad para los lugareños.

De esta forma, el veterinario del pueblo tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos, y convirtió su despacho en una clínica veterinaria. Las vacas fueron dejando protagonismo a los perros y gatos, y el herrador se convirtió en un peluquero canino.

A pesar de no haber estudiado nunca a un perro durante su formación, Veterinario Doctor Moya tuvo que especializarse apresuradamente, puesto que la demanda de los animales de compañía era cada vez mayor. Incluso, los mismos clientes extranjeros, dotaron a la clínica de la primera mesa de operaciones, de instrumentos varios y de medicamentos.

De esta forma Antonio Moya llegó a ser el único veterinario especialista en mascotas en todo el territorio andaluz.

La clínica fue tomando un gran auge por ser la única de Málaga en la que trataban animales domésticos.

Sus instalaciones se fueron remodelando y en 1962 se abrió la primera guardería canina de la zona, con un coste de diez pesetas diarias.

Las manos de Veterinario Doctor Moya trataron a los “pequeños turistas” que acompañaban a importantes personajes como a los perros de Isabelita Perón que, por cierto, se alojó con su marido, el General Juan Perón en el hotel El Pinar de Torremolinos.

Asimismo, trató a los caninote Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns. Madre del Rey Don Juan Carlos. Y no fueron menos las pequeñas mascotas de Isabel Preysler y Elisabeth Taylor.

Antonio Moya Fernández, hijo y nieto de veterinarios, siguió trabajando en Torremolinos hasta su muerte, en el año 1978.

Pero su clínica no cerró, ya que se hizo cargo de ella su hijo Enrique, que en el mismo año de la muerte de su padre terminó los estudios de Veterinaria.

En la actualidad Enrique Moya regenta la clínica de Torremolinos, que permanece en el mismo lugar.

No obstante, ya ha cedido el bisturí de la mesa de operaciones a su hijo, quien ha tomado el relevo de una importante saga familiar de veterinarios por la que han pasado cinco generaciones y que ha dejado una impronta especial, sobre todo en la Costa aportando eficaces servicios a sus pacientes, lo que ha contribuido a un mayor conocimiento de este lugar turístico.